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miércoles, 16 de noviembre de 2011

La inserción laboral de los jóvenes y la influencia del neoliberalismo


La inserción laboral de los jóvenes y la influencia del neoliberalismo

Autores:
Arévalo María Sol
Britez Mariana
Maita Rosario

“(…) La dificultad de articulación con el mercado, no es solo un problema de organización de los programas, ni de las características de las instituciones de formación o de las empresas, sino que refleja un problema mucho más profundo que es la tensión (por no llamarla contradicción) entre las necesidades de la población objetivo, en condición de pobreza y en peligro de exclusión (…) y las demandas de un sector productivo que debe competir para la cual busca bajar al máximo sus costos, conseguir los trabajadores con las mejores calificaciones al menor precio, en un mercado de trabajo que en varios de los países analizados tienen una oferta de jóvenes con niveles educativos mayores y de mejor calidad y con competencia sociales y comportamientos de la que los jóvenes pobres carecen”. Gallart, 1996

Ø  INTRODUCCION:
El presente trabajo tiene como objetivo intentar conocer las consecuencias sociales producidas por la falta de inserción laboral;  poner una mirada crítica hacia el sector que hoy ocupan los JÓVENES, la llamada JUVENTUD. Como es de suponer, hoy por hoy mucho se puede hablar de ambas categorías, muchos estudios hay sobre la temática desde las ciencias sociales y el presente trabajo tratará de abordar la temática desde varios campos de las ciencias sociales.
  La intencionalidad de esta investigación es iluminar algunas de las tantas problemáticas que hoy recaen sobre los jóvenes. Quisiéramos que esta investigación sirva para debatir, reflexionar, repensar que mundo, que país y que sociedad estamos construyendo para el presente y el futuro de nuestros jóvenes. De este párrafo, más que significativo, trataremos algunos conceptos que creemos claves y que desde el trabajo Social intentamos desarrollar, indagar y criticar como ser: "la vida humana no tiene valor, particularmente la de los jóvenes";  "Estado cómplice y ausente"; "exclusión"; "adolescentes"; "inserción"; "políticas públicas que garanticen un presente y un futuro distintos"; "justicia"; "derechos". La gran mayoría de estos conceptos están directamente vinculados a los efectos que produjeron las políticas neoliberales aplicadas desde la última dictadura y a lo largo de la restitución democrática, sobre todo bajo los gobiernos de Menem y De la Rúa, y que podemos afirmar que aún hoy continúan.
Es por eso que a la hora de hacer un análisis sobre el sector de los jóvenes, o la juventud, se hace necesario e imprescindible mencionar como repercutieron los efectos del modelo socioeconómico neoliberal. Un modelo que intensificó la concentración de la riqueza, sumergió al país, generando nuevos pobres, aumento de desocupación e indigencia. Un dato más que impactante y que resume los efectos de este modelo es, según el último censo, en la provincia de Buenos Aires, casi el 75% de los jóvenes se encuentra por debajo de la línea de pobreza, y las cifras a nivel nacional hablan de que 6 de cada 10 jóvenes son pobres. (1[1]). La destrucción del tejido social también incidió directamente en el modo de vivir de los jóvenes, en la cultura que los rodeaba y que a su vez, atravesadas por el deterioro social producido en sus vidas, contribuyeron a crear una nueva "cultura", creando nuevas representaciones sociales, que también el poder hegemónico y sus voceros, los medios masivos de comunicación, contribuyeron a exacerbar. Sin embargo, después del mediático caso Blumberg, éstos mismos medios de comunicación instalaban el discurso "los jóvenes son peligrosos", homologando adolescencia pobre con delincuencia e inseguridad, estigmatizando aún más a los jóvenes[2]
La segunda mitad del siglo XIX será, en los países centrales europeos (Francia, Inglaterra y más tarde Alemania), la consolidación definitiva de la clase burguesa como clase hegemónica. En esta etapa histórica, las clases medias, que en períodos anteriores no se habían identificado plenamente con la burguesía, comienzan a adoptar estilos de vida de la clase triunfante. Por aquel entonces, las clases medias estaban integradas por los hombres de negocios, funcionarios estatales o las profesiones liberales (abogados, contadores, médicos, etc.).
Es por ésta época, que en países de crecientes economías como Gran Bretaña, surge la categoría Juventud, identificando bajo esta categoría a un grupo de individuos que están en la edad entre la adolescencia y el matrimonio.
Para los jóvenes de clase media, el acceso a la educación formal era una manera de posponer su ingreso al mercado de trabajo, significaba ascenso social, el ingreso a los negocios, tener más tiempo para el ocio, era una condición esencial de status. La educación separaría a los jóvenes de las clases medias y altas de los jóvenes de las clases trabajadoras y campesinas. "La educación secundaria hasta los 18 años se generalizó entre las clases medias, seguida normalmente por una enseñanza universitaria o una preparación profesional elevada (...) La escuela era la escala que permitía seguir ascendiendo a los hijos de los miembros de las capas medias. En cambio, muy pocos hijos de campesinos, y menos todavía de trabajadores, podían llegar a esos peldaños"  sentencia Hobsbawm[3]. Es decir, la categoría JUVENTUD tiene su surgimiento en un determinado contexto histórico, económico, social y cultural.
Más de 150 años después de aquel momento, las diferencias que separan a los jóvenes de clases medias y altas de los jóvenes de las clases subalternas se han hecho más profundas, convirtiendo a los jóvenes de las clases subalternas en excluidos o marginados sociales, dado que, hoy por hoy, éstos jóvenes tienden a convivir con realidades como pobreza, menor escolaridad, menor acceso a oportunidades laborales, mayor chance de sufrir explotación laboral o el desempleo, alcoholismo y/o drogadicción, prostitución, violencia doméstica, dificultades en la familia y en la escuela entre otras tantas problemáticas; problemáticas no son muy común en jóvenes de clase alta.
En las sociedades del siglo XXI, los jóvenes son una gran contradicción producto del sistema capitalista imperante, el consumo está marque tizado para ellos, tecnología, zapatillas de 600 pesos o más, cervezas de tal marca, etc. los jóvenes de sectores medios y altos generalmente tienen la oportunidad acceder a través de sus padres para satisfacer  estas “necesidades consumistas” como también de estudiar, de postergar su ingreso a las responsabilidades de la vida adulta: se casan y tiene hijos más tardíamente, gozan de un período de menor exigencia, de un contexto social protector que hace posible la emisión, durante períodos más amplios, de los signos sociales de lo que generalmente se llama juventud. En cambio, los jóvenes, integrantes de las clases subalternas, tienen acotadas sus posibilidades de acceder a la oferta consumista,  deben ingresar al mercado de trabajo tempranamente –a trabajos más duros y menos atractivos-, suelen contraer a menor edad obligaciones familiares (casamiento o unión temprana, consolidada por los hijos). Carecen del tiempo y del dinero, para vivir un período más o menos prolongado con relativa despreocupación y ligereza.
En la actual coyuntura que vive nuestro país, no se puede hablar de jóvenes o de juventud de manera uniforme, ya que estos conceptos guardan una estrecha relación con las condiciones políticas, sociales, económicas, culturales y hasta jurídicas en que se encuentran los individuos insertados dentro de éstos conceptos. Por lo que sería necesario revisar este "período de transición donde se asumen los roles y valores.
La familia es la estructura social en la cual todos los seres humanos tenemos el primer contacto con la civilización; al tiempo que es donde se experimenta la identidad del ser humano tanto psicológica como histórico-social; la familia es el primer contexto donde se asumen roles y valores, donde se trasmite de generación en generación la cultura del trabajo y es donde se  transfiere el  mandato cultural (abuelo doctor, padre doctor, hijo doctor; abuelo carpintero, padre carpintero, hijo carpintero) desde este lugar al perderse la fuente de trabajo, se pierde esa trasmisión de la cultura del trabajo.
Esperamos que esta investigación brinde información sobre la problemática específica y  las consecuencias que ocasiona la falta de inserción laboral en los jóvenes; como integrantes de esta sociedad, que se encuentra atravesada por una multiplicidad de situaciones complejas, desarrollando nuestra tarea a través del marco teórico, (Internet, libros, diarios, etc.) y dentro del contexto social actual.

Ø  DESARROLLO
“Las profundas transformaciones del último cuarto de siglo del milenio han impactado en la estructura productiva y social de los países de América Latina y en nuestro interés de la República Argentina: la globalización ha cambiado las reglas de juego haciendo cada vez más difícil el aislamiento y relativizando la capacidad de decisión; la transformación productiva, y particularmente  la crisis del modelo del estado de bienestar, modificaron el contexto de las políticas económicas y sociales; la redistribución del ingreso incentivó la co-existencia, en una misma sociedad, de sectores de alto poder adquisitivo y de carenciados; la demanda de mayores calificaciones y el aumento de la productividad del trabajo confluyeron en un mercado laboral duro y exigente. Frente a esta realidad, la integración de los jóvenes provenientes de sectores populares resulta dificultosa, más aún cuando se produce en forma concomitante con un proceso de exclusión social. La magnitud de la población en situación de pobreza estructural refleja la cantidad de jóvenes que corren ese riesgo de exclusión social.
Los bolsones de pobreza se caracterizan no sólo por no alcanzar a cubrir las necesidades básicas de los hogares sino por las deficiencias en los servicios sociales básicos tales como salud y educación (Byrne, 1999).
Esta situación se integra en un proceso de cambios sustantivos en el mercado de trabajo, con una tendencia a la flexibilización del empleo y a la demanda de mayores calificaciones, que coinciden con una oferta laboral de amplios grupos de jóvenes no pobres con niveles educativos relativamente altos. Se trata de una transformación productiva y ocupacional que se puede caracterizar como un cambio tecnológico y organizacional con  rasgos propios: globalización de la comunicación, disminución del empleo formal en relación de dependencia y con cobertura social por ampliación de la subcontratación, crecimiento de los sectores laborales desprotegidos y precarios, y profundización de la extensión del empleo en el sector terciario. En estas circunstancias, la exclusión de los jóvenes que intentan entrar en el mercado laboral con marcadas deficiencias de capital humano y social constituye un serio peligro.
Manuel Castells[4], define a la exclusión social al fin del milenio como "… el proceso por el cual a ciertos individuos y grupos se les impide sistemáticamente el acceso a posiciones que les permitirían una subsistencia autónoma dentro de los niveles sociales determinados por las instituciones y valores en un contexto dado". Normalmente, "… tal posición suele asociarse con la posibilidad de acceder a un trabajo remunerado relativamente regular al menos para un miembro de una unidad familiar estable." Por otro lado, "… la exclusión social es un proceso, no una condición. Por lo tanto sus fronteras cambian, y quién es excluido o incluido puede variar con el tiempo, dependiendo de la educación, las características demográficas, los prejuicios sociales, las prácticas empresariales y las políticas públicas." Existen muchos caminos hacia esa exclusión, por ejemplo, es posible que "… el analfabetismo funcional, la condición de ilegal, la imposibilidad de pagar el alquiler, lo que induce la carencia de techo, o la pura mala suerte con un jefe o un policía, desaten una cadena de acontecimientos que lleven a una persona (y a su familia, con mucha frecuencia) a arrastrarse a la deriva hacia las regiones exteriores de la sociedad, habitadas por los despojos de la humanidad fracasada."[5] La exclusión no sólo produce la imposibilidad de acceder a satisfacer las necesidades básicas sino que "… el proceso de exclusión social y la insuficiencia de las políticas reparadoras de integración conducen a una integración perversa que hace referencia al proceso laboral en la economía criminal. Por economía criminal se intenta definir a  aquellas actividades generadoras de ingresos que son declaradas delito por las normas.
Una primera distinción se da, entonces, entre la pobreza como el hecho de no poder satisfacer las necesidades básicas de un hogar determinado, y que por lo tanto es una condición ubicable temporalmente en un determinado momento, y la exclusión como proceso dinámico y acumulativo. Al referirse a los  jóvenes en situación de pobreza y en riesgo de exclusión, se  considera a  la realidad actual como la primera condición, medida en este caso por pertenecer a un hogar bajo la línea de pobreza, y el peligro cierto de ingresar en ese proceso de exclusión, que tiene sus manifestaciones más evidentes en la residencia en zonas marginales, desprovistas de servicios sociales básicos de calidad, y también en la dificultad de acceso al empleo remunerado, negándoles  la posibilidad de trayectorias laborales que los califiquen. Se piensa que estos jóvenes se encuentran en un círculo vicioso en el que confluyen deficiencias en la educación básica, falta de acceso a los circuitos de formación profesional, pocas oportunidades de empleo en el sector integrado o, en el caso de que logren emplearse, se trata de ocupaciones precarias de baja calificación y con escasas posibilidades. La situación descripta señala el peligro de que se constituyan en una población excluida y que esos jóvenes pasen a integrar los núcleos duros de desocupados de larga duración, por cuanto no detentan las condiciones mínimas de empleabilidad para desarrollar trayectorias ocupacionales que les permitan recalificarse.
La combinación de varios factores –los cambios sustantivos en las demandas y capacidad de absorción del mercado de trabajo, la oferta creciente de personas con mayores niveles de instrucción, la amplitud de la pobreza y las nuevas características de la exclusión social, unidos a la existencia de un "sector informal criminal"– contribuyen a que el tema de los jóvenes en hogares de pobreza y su posibilidad de integración sean críticos. Los factores señalados tienen que ser, asimismo, aspectos centrales en el momento del análisis de las políticas públicas de educación y capacitación para ese sector de jóvenes.
Los jóvenes son un grupo que recibe, de manera muy particular, el impacto en la calidad de vida de la población producida por el aumento del desempleo; la disminución cualitativa de las condiciones de trabajo y la precarización del empleo. Estas situaciones agregan a las tradicionales nuevos factores de exclusión (generan nuevos pobres), que agudizan las diferencias entre distintos grupos poblacionales y refuerzan la marginación de los más desfavorecidos.
Resulta paradojal que los jóvenes, siendo el principal recurso de desarrollo de un país, queden precariamente incluidos cuando no excluidos de la inserción laboral y en definitiva de la exclusión al no alcanzar las condiciones mínimas de educación (Polimodal) requeridas para la inclusión. Se debe dar un lugar central a la capacitación de los jóvenes con dificultades específicas  para posibilitar o mejorar su inserción laboral y social”[6].
Ø  LA GLOBALIZACION:
En la Argentina, la combinación y sucesión de corrientes migratorias tiene relevancia para comprender su dinámica cultural y las modalidades puestas en evidencias en los sucesivos procesos discriminatorios.
La idea global tiende a crear la ilusión de un mundo equilibrado y equidistante, en el que se desarrollan en interacción creciente, intercambio de todo tipo: mensaje, dinero, influencias culturales, mercancías; un planeta en el que se distribuyen en forma equitativa y homogénea los actores económicos y sociales, emisores y receptores, productores y consumidores.
En el mundo actual, a la concentración del poder económico, desarrollo tecnológico y fuerza bélica, corresponden localizaciones territoriales y políticas: estas concentraciones del poder pueden referirse al plano nacional, o a las empresas multinacionales más importantes que dominan el ámbito de la innovación  tecnológica, en el plano financiero o en la producción y suministro de energía. También están desigualmente distribuidos  el control de las comunicaciones, la capacidad de emitir y recibir mensajes y el poder institucional en el plano de lo simbólico.
La base de la etapa actual de la llamada globalización reposa, sobre todo, en el auge del capital financiero  y en el carácter de la creciente mente transnacionalizadas de sus transacciones; en el neo lenguaje de la globalización , sin duda, derivado de la hegemonía de las finanzas, los países que antaño se conocían como el tercer mundo, periféricos o simplemente  subdesarrollado adquieren  ajustes de re flexibilizaciones que componen el catecismo universal de esta etapa de expansión del capitalismo a escala mundial. En la Argentina somos un mercado emergente, condición compartida con Brasil, Venezuela, los tigres asiáticos, Rusia, Polonia,  y muchos otros países, indicando que la babel de idiomas y culturas, de costumbres, sistemas políticos, historias pasadas y recientes, ha claudicado, por lo menos en lo que atañe al ámbito del dinero, en las puertas de las bolsas de comercios y de las grandes casas bancarias.
Nuestro tema es la cultura, fuertemente influidos por la dinámica que adquieren los procesos económicos a escala mundial,  vehiculizados por los exportaciones que responden a su vez a acuerdos políticos y financieros de orden supranacional, a la articulación de países en grandes bloques comerciales, a la imposición de signos universales que todos entiende como sistemas de comunicación instantáneos.

El consumo avanza sobre la cultura insertándose  en ella. Cada nuevo producto coloniza un espacio semiológico, se legitima en un mundo de sentidos y de signos en el humus cultural. El intercambio de productos, la mundialización de algunos bienes y servicios, como la coca cola, las comidas rápidas, el automóvil o los servicios bancarios, requieren también  sistemas de percepción y apreciación compartidos.
Lo local se articula con lo global entra en muchas veces en confrontación  pero también se integran. Lo global no destruye lo local, a veces como productor de diversidad, lo intensifica, ratifica las identidades que son relacionales y se nutren de la otredad. En cada sociedad existen códigos culturales superpuestos , códigos amplios que abarcan zonas urbanas  o regiones que participan de un mismo  lenguaje, memoria, costumbres, valores, creencias y tradiciones, que requieren de competencias especiales y que originan formas locales de metabolismo y aplicación de los códigos, significados valores y ritmos implícitos en los productos.
Se suele destacar que el incremento de los procesos de migración internacional determina la continuidad de las culturas nacionales localizadas fuera del territorio de origen, estas poblaciones emigradas entran en un  proceso de evolución diferente respecto de aquellas que permanecen localizadas en el territorio original.
Entre los efectos producidos por el auge de los modelos neoliberales se impone la vida cotidiana el avance del desempleo, la pobreza y la inestabilidad laboral.
Las condiciones técnicas, financieras e ideológicas dan lugar a la aceleración de la globalización, acarrean, aun en los países más avanzadas, aumento del desempleo, limitaciones en la seguridad social, avance en la desprotección, pobreza y exclusión.
El impacto de la tecnología, que acarrea un enorme aumento en la productividad del trabajo y, por lo tanto, abre la posibilidad de producir más y mejores bienes al alcance de un mayor número de personas. El avance del productividad desemboca en beneficios acumulados  por los conglomerados económicos más poderosos y en el auge del nivel de vida de las capas más ricas; para la mayoría implica inseguridad económica y laboral, deterioro en las condiciones de vida y de bienestar, nuevas masas excluidas y al borde del hambre y la desesperación. Los logros de la ciencia y la técnica  se convierten asombrosamente en aumento del desempleo, en peores condiciones laborales, en mayor inseguridad social, en vulnerabilidad y desamparo, abandono y exclusión para millones de personas en todo el mundo.
El capitalismo encontró en su desarrollo histórico limitaciones sociales que redundaron en nuevos equilibrios, en un avance general en el nivel de los salarios y condiciones de trabajo y en una moderación de la voracidad limitada al capital, el cual necesita mercados de expansión, compradores, demanda efectiva, o sea, personas dotadas con poder adquisitivo para completar el circuito de realización del plus-valor.
La etapa actual que atraviesa el mundo está asignada por la brusca alteración en los equilibrios del poder económico, político y militar a escala mundial. La cadena de procesos desemboca en los acontecimientos sintetizados por la caída del muro de Berlín, desequilibra la escena política.
El modelo en vigencia tiende a reducir el papel del Estado, debilitar los sindicatos, a hacer retroceder las conquistas laborales, la tecnología incrementa la productividad del trabajo, la jornada laboral tiende a alargarse, anulando conquistas obreras en el plano de las condiciones de trabajo que protegían la salud física y mental del trabajador y las condiciones de reproducción de su familia, retrotrayendo este campo a situaciones que estaban en vigencia en el siglo pasado.
El capitalismo se mundializa, avanza hacia zonas del globo que se ofrecen para su expansión o hacia países en que su desarrollo era débil. En esta etapa parecería que el capital más concentrado a nivel mundial está orientado hacia la  “digestión” de estos nuevos territorios incorporados a la órbita del capitalismo. El alucinado asalto de la avaricia del capital que excede en un ampliación de la explotación, acarrea en lo inmediato un aumento en la tasa de ganancia en las empresas que están  en condiciones de beneficiarse son los modelos y las desventajas en cuanto a capacidad de realización del plus valor que emanan del debilitamiento del poder adquisitivo en los mercados internos.
Actualmente el recrudecimiento de formas de discriminación, prejuicio y exclusión, fenómenos que no son nuevos pero que adoptan en la actualidad modalidades particulares, observándose que en muchas partes se incrementa la agresión y la violencia.
Toda cultura supone un nosotros, es la base de las identidades sociales, esta identidad social opera por diferencia, todo “nosotros” supones un “otros”, en función de rasgos percepciones y sensibilidades compartidas y una memorias colectiva común, que se hacen más notables frente a otros grupos diferentes, con los cuales la comunicación  encuentra obstáculos.
El “otro” es condición normas de la convivencia social y base de toda identidad colectiva, pero varia la distancia que nos separa del otro, el grado de otredad, de extrañeza y también la carga afectiva.
En el presente, la internalización de los procesos económicos, la importante migración laboral que desde hace varias décadas fluye hacia los países más adelantados, la contradicción entre los imaginarios de homogeneidad cultural que nutren la idea de Estado-Nación, ha generado un estallido de conflictividad e intolerancia}.
Reaparecen viejos modos de estigmatización, dirigidos al extranjero, al pobre, al inmigrante, que arraigan y se nutren de la crisis social. Surgen nuevas formas de racismo.
Ø  BREVE HISTORIA DEL TRABAJO

A lo largo de los últimos 100 años, el taylorismo, el fordismo y el toyotismo han sido los modos hegemónicos en la organización del trabajo. Si bien en un origen estos conceptos referían cuestiones tan concretas como el ordenamiento de la maquinaria dentro de una fábrica y, más recientemente, si debe o no haber fábrica, el impacto político, económico y social de estas formas organizativas  excede la especificación técnica y designa modos de acumulación capitalista que conllevan toda una configuración en la relación capital-trabajo y formas precisas del Estado, el salario y la explotación.

Detrás de conceptos como el ‘fin del trabajo’ o la ‘capacitación laboral’, lo que subyace son los límites del capitalismo. Por eso, el colapso de los ‘estados de bienestar’ y la brecha cada vez más ancha entre integrados y excluidos, vuelve a keynesianismos varios y a cualquiera de las terceras vías, un remedio fugaz. Tras la implosión de los ‘socialismos reales’, es la era explícita del ‘capitalismo real’. En ella, la noción de ‘explotación’ adquiere significancias nuevas y paradójicas. ¿Hay algo peor que ser explotado y por otra parte no serlo? Tras los análisis de diversos gurúes -análisis correctivos que devienen en medidas siempre insuficientes- lo que se evita es sincerar, y enfrentar, la inviabilidad del sistema.
Seamos el ello del publicista de Clinton, sostengamos: “Es el capitalismo, estúpidos”. No un fragmento, no un pedazo: es la totalidad. ¿El posmodernismo te ha hecho temer de los abordajes totales? Pues... ni bueno ni malo, ya irrumpirá ‘lo real’ para reformular la discusión, para reinstalar, dialécticamente, particularidad y generalidad. Mientras, organizada la producción, y la vida, al compás de las actuales coordenadas, el problema radica menos en la falta de trabajo que en el exceso de gente. En el viejo juego del mercado se van estrechando las fronteras y la oferta laboral es cada vez más exigua frente a la demanda de trabajo. Es el capitalismo, estúpidos: sobran humanos. Y en su lógica, y para su expansión, siempre ha sido mejor negocio el aumento de la productividad que la disminución del salario. No hay mayores secretos en las vías del aumento de la producción, o se intensifica la jornada laboral o se aplican innovaciones tecnológicas. De un modo u otro, los diversos Modos de Organización del Trabajo constituyen la puesta en práctica de estas dos vías. Ahora, a vuelo de pájaro, las revisaremos. [7]


EL TAYLORISMO:
En el siglo XIX, la producción industrial todavía era heredera de la producción artesanal. Los trabajadores no solo dominaban ‘la máquina’ sino que incluso la arreglaban, la perfeccionaban. Pero sobretodo, administraban ‘sus’ ritmos de trabajo. Por eso, el castigo físico era un hecho habitual en el siglo XIX. Los capataces corregían el fallo laboral a latigazos. Y el castigo físico era menos una aberración moral que un mecanismo del capital para intensificar la productividad.
(Federic Taylor observó que durante la jornada de trabajo, solo el 40% del tiempo se ocupaba en transformar directamente la mercancía. De esta observación dedujo la necesidad, obvia, de intensificar el trabajo. Taylor persiguió el aumento de la productividad por la vía científica. Postuló: “No necesitamos el castigo físico, lo que necesitamos es que los trabajadores no administren el ritmo del
trabajo”.[8] La solución del taylorismo consistió en dividir el trabajo en tareas elementales
que no requerían un dominio técnico del trabajador. Se suprimió al trabajador con saber. Se le entregó el dominio técnico de la producción al ‘capataz’. Y, por primera vez, se creó al obrero auténticamente anónimo y universal. Ya no el maestro pintor o herrero sino el obrero abstracto que martilla o aprieta
tornillos, el que solo hace operaciones elementales.
La segmentación del trabajo, el retiro de la experticia y la creación de un obrero abstracto se complementó con un régimen salarial por obra. Con el taylorismo comenzaron los contratos de trabajo jurídicamente avalados. Por otro lado, se introdujo la ‘normalización’ de los productos. La producción se comenzó a masificar y los destinatarios de la misma no eran solo las capas más altas de
la sociedad, sino, además, las capas más acomodadas de trabajadores. Esa operatoria abstracta del trabajador que solo realiza tareas que no son operaciones completas sino secuencias, contó con un régimen de disciplinamiento corporal. Ese es, entre otros, el sentido de Tiempos Modernos, de Chaplin, un tipo atornilla ocho horas, sale del trabajo y sigue atornillando. Michael Foucault hablaba del disciplinamiento y lo hacía a través de la cárcel y el hospital psiquiátrico... En lo sustancial, se equivoca. El disciplinamiento, en la sociedad industrial, se obtuvo más bien en el lugar de trabajo que en los
hospitales psiquiátricos o en las cárceles, que operaron, sí, como instituciones disciplinadoras por reflejo.[9] El taylorismo obtuvo un aumento revolucionario de la productividad. El volumen de
la misma, se incrementó a más del doble en 30 años. Con semejante productividad, se tuvo una base suficiente para aumentar el salario real. Por supuesto, este aumento tuvo proporciones ínfimas en relación al incremento de capital, pero muy significativas en comparación a la situación anterior.
Una argumentación habitual contra el taylorismo señala que el mismo acarreó una mayor deshumanización del trabajo. Es cierto, sin embargo, es una deshumanización que terminó con el castigo corporal, que cimentó la universalidad de los trabajadores, la posibilidad de los sindicatos y que aumentó el salario real. El taylorismo, como modo de acumulación capitalista, generó una situación en la que los trabajadores estaban mejor en el marco de una explotación más inhumana. Conviene no perder de vista ciertas obviedades. El horizonte del capital, no es el hombre, es la tasa de ganancia.[10] No existe la posibilidad de un ‘capitalismo humano’, lo que existe son versiones más o menos inhumanas. Y hay que distinguir inhumanidades. ¿Es inhumano golpear a un trabajador? Sí. Pero es ‘otra’
inhumanidad no golpearlo y tenerlo ocho horas haciendo actividad mecánica. En un caso la inhumanidad es violencia física y en otro, la inhumanidad es violencia simbólica. Sin embargo, normalmente se percibe la violencia física como inhumanidad y se tolera la violencia
simbólica. El capitalismo es inhumano. El taylorismo ‘humanizó’ esa deshumanización.
Eliminó las formas más grotescas y las reemplazó por otras más profundas.

EL FORDISMO:

El taylorismo tiene ciertos límites, el fordismo los superó. Hubo como seis Henry Ford. El único verdaderamente inteligente fue el primero. Los demás eran unos idiotas que quebraban fábricas y cosas así. Henry Ford I, en cambio, era un tipo realmente notable. ‘Inventó’, por ejemplo, el panóptico de Foucault. El panóptico refiere a la cárcel en la cual hay un punto desde el que se ve todo. En su libro, Henry Ford escribió: “... en mis fábricas siempre hay un punto desde el cual se ve todo el proceso de producción”[11][12]. Las fábricas de Ford son explícitas e intencionalmente panópticas.
Ford no solo retiró la experticia de los trabajadores sino que les quitó, absolutamente, la ‘cadencia’. Para hacerlo, inventó la producción en serie, en la que el ritmo de trabajo viene dictado por el ritmo de la cadena. Los trabajadores, entonces, no solo hicieron operaciones abstractas en las que no tenían relación con el saber, sino que además perdieron el dominio de sus cuerpos. O se movían al ritmo de la cadena, o se producía un atolladero. El fordismo introdujo la extrema segmentación de la cadena productiva y el ordenamiento de esa extrema segmentación en una línea de montaje. Esa línea de
montaje es la que creó la ‘estandarización’ de la producción. Se paso de la ‘normalización’ a la ‘estandarización’ a través de cadenas productivas que fabrican productos exactamente iguales y que tienen que producirlo iguales por las necesidades técnicas de la cadena.
Una vez más, el fordismo, como modo de acumulación capitalista, acarreó un aumento exponencial de la productividad. Ford advirtió que el aumento de la
productividad exigía un aumento de la capacidad de consumo de alguna parte de la sociedad y decidió, conscientemente, aumentar la capacidad de consumo de los/sus trabajadores.
Cuando Henry Ford se propuso pasar de una producción de 5000 autos al año a una de 100.000, los demás empresarios del ramo automotriz le dijeron que eso era absurdo. “No hay 100.000 compradores de automóviles en los EE UU. ¿Quién le va a comprar esos autos?”. Henry Ford escribió en su libro: ‘Yo espero que mis propios trabajadores sean los primeros en comprar mis automóviles’. Todo esto fortaleció un régimen salarial estable en el que, esperamos, el obrero trabaje 30 años
seguidos porque, entre otras cosas, va a tener que pagar su automóvil en esos 30 años. Además de su radio, su cocina y su heladera. Y al mismo tiempo de cambiar el modelo de su auto viejo por uno nuevo. El fordismo tuvo, por primera vez en la Historia, el consumo en abundancias como aspiración y meta.
Empleo estable. Salario estable. Trabajadores abstractos. Fuerza sindical. Henry Ford, “revolucionario del siglo XX”, sostenía: Tenemos que apoyar la estabilidad de la empresa en la fuerza del sindicato. El sindicato es nuestro aliado frente a los trabajadores”.
Taylorismo, fordismo y toyotismo tienen en común apelar a la adhesión de los trabajadores respecto de la empresa. El horizonte utópico de estas iniciativas puede resumirse en ‘hagamos un pacto con los trabajadores para que ellos colaboren en que a todos nos vaya mejor”. Y por supuesto, les iba mejor. El
trabajador aumenta su salario un 10% y el capitalista engrosa su ganancia en un 300%.
Durante la era dorada del fordismo hubo un pacto social de hecho entre el movimiento obrero y el Estado. Y entre el Estado y las empresas. Es lo que se conoció como el estado de bienestar o keynesiano. El Estado promovió capacidad de consumo artificial para darle salida a la producción, y se convirtió en el
principal banquero, empleador, empresario y consumidor de la sociedad. Pero esto es más bien el trasfondo político y conviene demorarse en algunos aspectos técnicos de las cadenas fordistas. La producción en serie implica un stock de materias primas ya que la cadena debe alimentarse constantemente. Implica un stock de productos elaborados ya que la cadena produce
independientemente de si la gente compra o no. Implica control de calidad al final de la producción, sobre el producto terminado -y si este presenta fallos,
se deshecha completo-. Implica, también, que las mejoras tecnológicas se tienen que hacer en toda la cadena, no se pueden hacer en una parte primero y en otra después.
El fordismo entra en crisis desde su propia lógica. Uno de los defectos más riesgosos de las cadenas fordistas es tener una oferta rígida y una demanda variable. Esto llevaba a que en cada crisis las empresas quedaran con un stock de productos al que no podían darle fácil salida en el ejercicio siguiente. Por otro lado, los costos de almacenaje y de transporte empezaron a ser cada vez más elevados. Las cadenas fordistas estaban en los países centrales, las materias primas comenzaron a quedar en el tercer mundo. La quiebra de la economía fordistas, en los ’70, es la caída de todo un modo de acumulación asociado al estado keynesiano. Los japoneses encontraron una solución para esto.


EL TOYOTISMO:

Así como el taylorismo debe su nombra a Federic Taylor y el fordismo a Henry Ford, uno debería llamar ‘ohnismo’ al modo posfordista de organización del trabajo porque fue Tahichi Ohno quien escribió un libro en donde explica cómo organizar la producción de manera de evitar los fallos del fordismo. Ohno era el encargado de relaciones industriales de la Toyota y fue quien inventó la idea de ‘espíritu Toyota’.
Hay todo un entorno político alrededor de este fenómeno pero aquí importa caracterizarlo técnicamente. Lo esencial de la solución posfordista consiste en desajustar las series de montaje. En cambiar la producción en serie a una  producción en red. Lo que se hizo fue desarmar, literalmente, la industria en talleres modulares que producen partes y piezas y en centros que solo son
armadurías. La conversión de una serie en una red permitió acercar los módulos productivos a las materias primas y acercar las armadurías a los consumidores. Uno de primeros ensayos del fordismo para solucionar su crisis consistió en emigrar al tercer mundo en busca de salarios más bajos. Fue un antecedente. Ya no ocurriría eso de que las fábricas de autos están en Chicago y las materias primas en Indonesia. Si las materias para las ruedas están en Indonesia, pues se las fabrica allí. Y si los
autos lo compran los norteamericanos, las armadurías se instalan en México, cuyo atractivo, sino las materias primas, son sus bajos salarios. Por otro lado, la producción en red es una producción orientada a la demanda, no a la oferta. Esto de producir para la demanda se llama countbank y consiste en que no hay stock de productos elaborados. No, lo que hay es una oficina donde la gente dice: “Quiero un computador” (los computadores son los mejores ejemplos de esto) y el señor le dice: “Bueno, anote aquí las características... mañana lo tengo”. Porque no lo tiene. En existencia no hay ningún computador, sólo hay un montón de piezas.
Grafiquemos esto con una hamburguesería. En los Mc Donalds, donde se venden hamburguesas, no están las hamburguesas hechas. El cliente pide: “Combo Mc Donald cuatro” y comienza la cadena para atrás. El mecanismo no difiere mucho a escala global. La cadena no va de las materias
primas al consumidor, va del consumidor a la materia prima. El consumidor quiere un computador. El que arma el computador pide las piezas, el que hace las piezas pide los materiales para las piezas, el que aporta esos materiales pide las materias primas. Y si no hay demanda las materias primas no se tocan.
El cálculo se hace sobre la demanda posible. Pero los cálculos son aproximativos. La idea de Tahichi Ohno era cero costo de almacenaje, cero stocks de productos elaborados, cero stock de materias primas. Era un límite ideal, uno no lo alcanza. Pero se acerca.
El toyotismo implicó una disminución neta en los fallos laborales. En la red, si falla un módulo, la misma tarea puede hacerse por otra vía y entonces, los fallos locales no se traducen en fallos generales. A esto hay que sumarle un control de calidad punto a punto. Cada módulo tiene que tener control de calidad. Una vez más, todo esto derivó en un aumento revolucionario de la productividad y la calidad de los productos. Y en una nueva configuración del capitalismo. (8)

EL SALARIO EN LA ERA NEO LIBERAL

La “revolución productiva” propiciada por el toyotismo permitió, en amplios sectores de la red, el aumento del salario real. En otros, en cambio, propició la aparición del ‘excluido absoluto’.
En el debate realizado en la Casa de Chile, no pocas de las consideraciones de Pérez Soto fueron seriamente cuestionadas. Entre ellas, aquella que sostiene el crecimiento sistemático del salario de los trabajadores integrados a la producción. [13]
“El aumento del salario real a lo largo del siglo XX es un hecho empírico, una evidencia inmediata. Cualquier estadística comprueba que el salario real promedio de los trabajadores a fines del siglo XX es sustancialmente mayor del que tenían a principios de siglo. Además, es casi tautológico, si el salario
real no fuese mayor el capitalismo hubiese quebrado en 1929. Es gracias a que el salario real es mayor que la economía capitalista pudo aumentar la producción en base al consumo”.
Frente a esta afirmación, no pocos sostuvieron que, al menos en Argentina, basta comparar el actual promedio de ingresos con el de los años ’70 para refutar esa afirmación. Pérez Soto desestimó esas apreciaciones por el carácter ‘situado’ de las mismas. Al respecto, sostuvo: “La economía hay que analizarla de manera mundial, no nacional. Las empresas están transnacionalizadas, los módulos no tienen base nacional. Cuando uno saca sus cuentas a nivel nacional cree que todos los trabajadores están precarizados.
 Si uno hiciera esas mismas cuentas a nivel internacional se daría cuenta de que hay una proporción importante de la fuerza laboral que tiene empleos estables y que ha aumentado el salario real y el nivel de consumo.
Esos trabajadores son la masa social de la estabilidad del neoliberalismo. Los sistemas neoliberales son sorprendentemente estables, desde el punto de vista político. Les puedo dar el mejor ejemplo de todos, el país más neoliberalizado de América Latina es Chile, y en Chile no se mueve una hoja en el movimiento social, no sopla el menor viento de cambio. ¿Cómo es posible que el país más neoliberal sea el país políticamente más estable? La inestabilidad política tiene que ver con la implementación del neoliberalismo, no con su funcionamiento. O, por lo menos, no todavía”. Esta afirmación no implica un juicio de valor, no conlleva sostener que el neoliberalismo entrañe formas sustentables de crecimiento equitativo. Por el contrario, en el neoliberalismo se considera, por principio, que entre el 15 y el 30% de la fuerza laboral va a estar desempleada. El ‘pleno empleo’ neokeynesiano diferencia entre trabajadores permanentes o cíclicos, y marginados absolutos. En Francia, en Inglaterra, no alarma en absoluto un índice de
desempleo del 15 %, está contemplado. La economía está sana: hay desempleo del 15%. No puede ser del 50%, pero tiene que ser del 15 % .La marginalidad está
considerada dentro del plan.

 LA CAPACITACIÓN LABORAL Y LA INSERCIÓN:

Si bien se sabe que las experiencias de capacitación laboral no generan empleo, sino que buscan mejorar la Empleabilidad, es inevitable pensar que existe una relación entre la formación adquirida y la posterior inserción laboral. Y que la formación para el trabajo de los  jóvenes de grupos vulnerables tiene que tender a lograr mayores porcentajes de inserción laboral para ellos.
En este sentido es que se hace necesaria la identificación de las pontenciabilidades y particularidades locales.
No cabe duda que cuando se parte de un diagnostico local, la oferta de capacitación está en mejores condiciones de adecuarse a las pontenciabilidades del lugar y a los eventuales nichos de mercado, al menos no responde a intuiciones o distorsiones  subjetivas.
Sin embargo, se encuentran las siguientes dificultades:
·         La mayor parte de los diagnósticos no son rigurosos;
·         al realizarlos aun, de manera rigurosa, no garantiza poder adecuar la oferta a esta potencial necesidad.
El problema de la articulación entre la capacitación y mercado laboral es sumamente complejo, tal como señala GALLART:
“(…) La dificultad de articulación con el mercado, no es solo un problema de organización de los programas, ni de las características de las instituciones de formación o de las empresas, sino que refleja un problema mucho más profundo que es la tensión (por no llamarla contradicción) entre las necesidades de la población objetivo, en condición de pobreza y en peligro de exclusión (…) y las demandas de un sector productivo que debe competir para la cual busca bajar al máximo sus costos, conseguir los trabajadores con las mejores calificaciones al menor precio, en un mercado de trabajo que en varios de los países analizados tienen una oferta de jóvenes con niveles educativos mayores y de mejor calidad y con competencia sociales y comportamientos de la que los jóvenes pobres carecen”. Gallart, 1996 [14]La oferta no puede ser definida por disponibilidad de profesores ni recursos existentes en la localidad- escuelas técnicas con infraestructura y herramientas para determinados cursos, por ejemplo- sino tender a ubicar los espacios potenciales de obtención de empleo.
Las pautas propuestas desajustadas aumentan, muchas veces sin intención deliberada, la fantasía de los jóvenes que ven frustradas una vez más en su trayectoria, las posibilidades de aplicar la capacitación recibida.
Algunas de las características frecuentemente observables en los proyectos y que deberían evitarse cuidadosamente son:
v  las ofertas puntuales y aisladas, sin continuidad.
v  La falta de visión de largo plazo.
v  Las actitudes paternalistas.
v  La formación centrada en el desarrollo de competencia técnica para un puesto de trabajo determinado, que descuidan la formación integral de los jóvenes y no la prepara adecuadamente para afrontar los cambios del mercado laboral.

Ø  Conceptos Claves:

v  Formación para el trabajo: conjunto de procesos educativos estructurados, dirigidos a desarrollar las competencias de las personas para incorporarse al mundo laboral.
v  Integralidad: supone concebir a la persona como un sujeto biopsico-social, emergente de una trama de relaciones sociales que, por lo tanto, debe ser entendido  en forma articulada por un conjunto de instituciones que presenten una oferta alternativa y complementaria, atendiendo de manera eficaz la compleja gama de necesidades de dicho sujeto.
v  Inserción laboral: inclusión de un individuo, en el mercado de trabajo, ya sea en un empleo transitorio o en relación de dependencia.
v  Inserción social: inclusión de un individuo en diferentes actividades instituciones de la vida social, con capacidad de participación y pertenencia. Incluye el conocimiento de sus derechos de la ciudadanía plena.
v  Exclusión social: proceso multidimensional por el cual los sujetos se quedó afuera de los circuitos que le posibilitan ejercer sus derechos a la educación, a la salud, al trabajo ya a una vida digna.
v  Empleabilidad: condiciones y capacidades que desarrolla un individuo para insertarse laboralmente.

 
v  Competencia: capacidad de un individuo de ejercer concretamente una actividad laboral poniendo en juego sus conocimiento, su saber-hacer y sus cualidades personales.

v  Alianzas estratégicas- gestiones asociadas: acuerdos, articulaciones, convenios, que permitan acciones conjuntas de diferentes sectores de la comunidad, que permitan realizar más fácilmente el logro de los objetivos comunes, potenciando el resultado y el impacto de dichas acciones.

Ø  COMO PROPUESTA,LA PARTICIPACIÓN DE LOS JOVENES  EN LAS INSTITUCIONES

v  Fortalecimiento institucional: acciones de capacitación y apoyo de las instituciones que posibiliten su desarrollo y mejoren su eficiencia en el cumplimiento de sus objetivos.
La participación de los jóvenes en las asociaciones y programas es muy débil, en muy pocos casos toman parte en los procesos decisorios o en las instancias formales que conducen las organizaciones. Su rol es esencialmente consultivo o de participación en actividades puntuales.
La posición de los adultos a la participación es ambivalente. Parecería que si bien existe interés en concientizar esta participación, por otra parte es atemorizante suelen quejarse que los jóvenes son desorganizados, que quieren opinar y decidir en cuestiones para que les falta experiencia y conocimiento.
No es frecuente que la institución coloque el tema de participación en el ámbito de la ciudadanía, es decir que se considera un espacio para el ejercicio de los derechos y para la integración social de los jóvenes. Si esta situación se repensara permitiría incorporar la presencia activa de los jóvenes en la vida organizativa institucional, entendiendo que es un espacio que facilita en aprendizaje y el ejercicio permanente de modalidades democráticas de relacionamiento social. En el sentido resulta crucial la creación de espacios compartidos entre jóvenes y adultos, espacios que son físicos y simbólicos.

 

EL Gobierno tiene la obligación de que los problemas sociales como la inserción laboral juvenil debe ser resuelto, invocando la participación de los agentes estatales y no estatales, como lo son el sector privado, las organizaciones sociales y los municipios.
Las diversas dimensiones y profundas conexiones que presenta la falta de inclusión laboral, la violencia juvenil, obligan a adoptar una perspectiva múltiple, de manera que la política diseñada debe recoger la contribución de varias experiencias y especialidades, para asegurar mayores posibilidades de eficacia y efectividad al momento de aplicarlas.
Con esa filosofía, el Gobierno debería poner en marcha programas de prevención del adolescente y juvenil, más allá de los que ya fueron implementados; como: el plan joven, más y mejor trabajo, plan fines  programa envión…
Esto no impide recoger algunas de las experiencias de trabajo con adolescentes y jóvenes, donde efectivos del orden organizan y coordinan actividades recreativas y  de las energías juveniles, con resultados auspiciosos. Muchos de ellos generados de la creatividad de instituciones barriales, con muy pocos recursos, pero con muchas ganas, con una  ideología de inclusión, de participación  y de profundo compromiso
También hay que aprovechar al máximo los hasta ahora no muy difundidos estudios e investigaciones hechos sobre los adolescentes y jóvenes, acerca de quienes se organizan con frecuencia: foros, jornadas y cursos, lo que sugiere que ya existe un fondo de conocimientos, diagnósticos y propuestas que es preciso considerar.
Desde las nuevas propuestas del estado como el salario universal por hijo, las becas estudiantiles, sumar la tecnología a las escuelas técnicas con el plan conectar, y otras decisiones que intentan acompañar las políticas de inclusión social,


CONCLUSION:
El modelo neoliberal incluye de modo importante la instalación de condiciones económicas, jurídicas, comerciales y culturales para la circulación sin obstáculos de capitales y mercancías. Los factores de la economía debe fluir  con facilidad, moverse ágilmente por los mercados del globo, sin trabas legales o arancelarias.
La lógica económica imperante alienta la migración de capitales, o sea de fábricas y empleos, en busca de bajos salarios, pero apunta a obstruir la migración de trabajadores hacia los países donde se concentra la riqueza y el consumo y donde puede alentarse la esperanza de obtener algún empleo y huir de la pobreza. Los procesos migratorios están profundamente vinculados con la constitución de otredades, propensas a ser identificados, diferenciadas y estigmatizadas..
En el caso de la Argentina, la combinación y sucesión de corrientes migratorias tiene relevancia para comprender su dinámica cultural y las modalidades puestas en evidencia en los sucesivos procesos discriminatorios que en parte aparecen en forma manifiesta, en parte vergonzante y que se expresan con  vigor.
Las situaciones de prejuicios y rechazos que se presenta hoy en Buenos Aires se centran en grupos diferenciados solamente por una clara identidad étnica.
Día a día estamos invadidos con las terribles consecuencias de no tener trabajo, la exclusión social, el no poder a veces satisfacer las necesidades básicas, la sociedad de consumo que ofrece artículos imposible de comprar con un sueldo mínimo * noticias de los jóvenes involucrados en distintos y cada vez más violentos hechos delictivos. A esos adolescentes a los cual llamamos “jóvenes en conflicto con la ley” y decimos entre tantas cosas, que son violentos, son parte de nuestra sociedad; ésta contiene un alto grado de violencia.
¿Donde lo insertamos laboralmente?, ¿qué hacen cuando terminan las capacitaciones?, ¿que políticas de inclusión hay?, ¿qué estructura de contención familiar, social, institucional tienen para que puedan desarrollarse intelectualmente y profesionalmente? Nos quedamos con estas preguntas, se nos fueron los miedos y dudas iníciales, y nacieron otros, que tienen que ver con esas preguntas.
Desde que lugar nos posicionamos como trabajadores sociales, para intentar desde nuestra tarea sumar para el cambio, creemos que la sociedad toda debe reflexionar debatir sincerarse salir de la hipocresía, es urgente, es ya, es ahora, seguimos hipotecando nuestro futuro seguimos excluyendo, dañando, lastimando, matando a nuestros niños, adolescentes, a nuestra juventud a nuestros hijos.
Nos preguntamos ¿qué le pedimos a nuestra juventud? Que no roben, que no se droguen, que no consuman alcohol, que tengan respeto, que estudien etc.
Nos preguntamos ¿Quiénes son los responsables? Las armas, las drogas, el alcohol, ¿se la venden los adultos? ¿La apatía la falta de compromiso  se la trasmitimos nosotros?
Los que deberían respetarlos, educarlos, formarlos socialmente, incluirlos socialmente desentrañar su apatía y no vulnerar sus derechos somos  los adultos, somos nosotros… esta en nosotros……como trabajadores sociales,  como sociedad, como Estado, como pueblo, como País como Nación.

Bibliografía
Ø  Declaración del Congreso de SUTEBA, 23 febrero de 2005, www.suteba.org.ar

Ø  CASTELLS, Manuel (1997). La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol.1 La sociedad red. Madrid: Alianza (información extraída de la tesis de la profesora de economía Silvana Dibenedetto)

Ø  Gustavo Racovschik, Enero 2006, Diario Clarín.
Ø  Hobsbawm, E., "Las incertidumbres de la Burguesía" en "La Edad del Imperio (1875-1914)", 2000, Crítica / Grijalbo
Ø  Ibarrola y Gallart (Comp.) (1994): Democracia y productividad. UNESCO, OREALC, Santiago, México, Buenos Aires.
Ø  Los Paradigmas Sociales del Posfordismo – Giuseppe Cocco, Carlo Vercellone
Ø  [1] La crisis del desarrollismo y la nueva independencia biblioteca de sociología Latino Americana
[1] Foucault


Ø  Marguli Mario, “Cultura y discriminación social en la época de la globalización”, Diciembre, 1997.

Ø  Ministerio de Economía, Obras y Servicios Públicos. Estudios 2004.


Ø  Por Hernán Tijerina martes, 21de junio de 2005      
Ø  UBA. Revista de la Universidad de Buenos Aires. 2/4: 99-. 103, Mayo de 1996.
Ø  Gustavo Racovschik, Enero 2006, Diario Clarín.


[1] Declaración del Congreso de SUTEBA, 23 febrero de 2005, www.suteba.org.ar
[2] Gustavo Racovschik, Enero 2006, Diario Clarín.

[3] Hobsbawm, E., "Las incertidumbres de la Burguesía" en "La Edad del Imperio (1875-1914)", 2000, Crítica / Grijalbo

Ø  [4] CASTELLS, Manuel (1997). La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol.1 La sociedad red. Madrid: Alianza (información extraída de la tesis de la profesora de economía Silvana Dibenedetto)

Ø  [5] CASTELLS, Manuel (1997). La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol.1 La sociedad red. Madrid: Alianza (información extraída de la tesis de la profesora de economía Silvana Dibenedetto)
Ø  [6] CASTELLS, Manuel (1997). La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol.1 La sociedad red. Madrid: Alianza (información extraída de la tesis de la profesora de economía Silvana Dibenedetto)

[7]   Hernán Tijerina - Tuesday, Jun. 21, 2005 at 10:41 PM.

[8] Ob cit
[9] Ob. cit
[10] La crisis del desarrollismo y la nueva independencia bibliotaca de sociología Latino Americana
[11] Foucault

[13]  Ob. Cit.
[13] Ob. cit
[13] Ob. Cit
[14]  UBA. Revista de la Universidad de Buenos Aires. 2/4: 99-. 103, Mayo de 1996.

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